Ideas SOL
En esta sección aparecen desarrolladas distintas reflexiones, elaboradas por un equipo de profesionales, que servirán de ayuda a los adultos interesados en cuestiones como qué libros pueden leer los niños y las niñas según su edad, cómo animar un cuento, libro y televisión, lecturas compartidas y muchas otras.


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Animar un cuento, animar a escuchar
Café con los vecinos
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Cómo ayudar al niño a convertirse en un lector feliz
Cómo elegir libros de literatura infantil
Compartir historias
Compartir las lecturas
Derechos del niño en torno a la lectura
Dos decálogos para disfrutar del potencial de la palabra escrita y de la palabra pronunciada (Primera parte)
El arte de contar cuentos
El valor de la lectura
Escuela y familia. Miradas confluyentes
Estrategias del deseo o trucos para leer
La lectura frente al miedo y otros conflictos
Las pruebas PISA
Lectura compartida en familia
Lectura por edades
Lectura y sentimientos
Lectura – lectura en voz alta – oralización
Lectura: Comenzando a caminar
Leer para otro
Libros con biberón
Lo poético, lo musical
Los mejores especialistas en lectura infantil
Los peligros que acechan
Los videojuegos, una lectura familiar
Orientaciones para leer en familia
Poesía para los que no leen poesía. (Aún)
Por qué y para qué leer o contar cuentos a los niños
Si queremos que a un niño le guste la lectura no deberemos...
Sugerencias para leer mejor en voz alta
¡Ay que risa!
¡Hay que leer libros de provecho!
¿Cómo se hace un lector?
¿El libro y la televisión son enemigos irreconciliables?
¿Por qué leer en voz alta?
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Escuela y familia. Miradas confluyentes
0-5, 6-8, 9-11, 12-14, 15-18
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En una viñeta muy celebrada, Forges dibujaba un paisaje suburbial de las afueras de Madrid en el que un niño le decía a su padre: “Paápa: que dice uno de la escuela que se llama pisicólogo que vayas a hablar con él”. Es un apunte de humor inteligente y reflexivo para entrar en este terreno de la colaboración y de las relaciones entre la familia y la escuela. La viñeta también nos propone una reflexión sobre la distancia existente, en ocasiones larga y compleja, entre la familia y la escuela.
 
             Hasta los dieciséis años, las niñas y niños de este país van a alternar sus ratos en familia con sus estancias en la escuela o el instituto. Diariamente, registrarán en su interior vivencias en uno y otro espacio; vivencias distintas, complementarias, de diferente calado, de variada repercusión personal... Dos instituciones como éstas, asentadas desde hace mucho tiempo, por un lado, y sometidas a crisis renovadoras, con frecuencia, son las responsables de crear un ambiente adecuado para que las criaturas crezcan con cierto criterio y amables influencias. Sin olvidar que existen otras instancias educativas, como señala Gianni Rodari: “Lo que los niños aprenden en la escuela representa la centésima parte de lo que se ilustran de los padres, de los parientes, de los amigos, del ambiente físico y social en que crecen, de las calles, de la televisión, de los juegos, de los objetos y de todo y todos”. (La escuela de la fantasía. Gianni Rodari (2003)
 
Diferentes familias y distintas escuelas 
 
Las relaciones entre las familias y la escuela deben ser estrechas, pero no deben apuntar a medidas exclusivas de control sino abrirse a otras más humanas de colaboración. Se comparten algunos objetivos y es natural que se aúnen esfuerzos para conseguirlos. La familia no sólo debe preocuparse del bienestar físico o material de las criaturas; tiene un papel importantísimo e irrenunciable en su educación; en moldear su sensibilidad, proporcionándoles un sólido equipaje afectivo: protección, cuidado, seguridad, cariño... Así lo expresa Fernando Savater en su libro “El valor de educar”: “En la familia las cosas se aprenden de un modo bastante distinto a como luego tienen lugar el aprendizaje escolar: el clima familiar está recalentado de afectividad, apenas existen barreras distanciadoras entre los parientes que conviven juntos y la enseñanza se apoya más en el contagio y en la seducción que en lecciones objetivamente estructuradas”.
 
 En la práctica, no resulta sencillo aunar intereses y esfuerzos para caminar de la mano en una misma dirección. Lo cierto es que hoy día hay muchos tipos de familias: de una pareja con sus hijos o hijas; hay niñas y niños cuidados por los abuelos; hay familias donde falta el padre o la madre; hay familias procedentes de los más variados países con diversas pertenencias culturales... y también escuelas diversas: públicas y concertadas; rurales y urbanas; de ideario religioso y laicas; colegios desmesurados y escuelas unitarias.... Existen contradicciones y renuncias en el seno familiar, en muchos casos y también hay desavenencias y desencuentros entre el profesorado de un mismo centro. En la escuela se convive con una idea, más o menos aceptada, de que es necesario acercar a las familias al colegio y hacerles partícipes de la información y de las posibilidades de ayuda a sus hijos e hijas; pero también hay quien está por poner límites a esa participación, por inseguridad o por miedo.
 
Algunas ideas para la participación
 
             Hay algunos canales de comunicación y participación que se pueden explorar. En general, todos ellos, se van haciendo más grandes y más efectivos a medida que se transita por ellos. Suelen contribuir a mejorar el conocimiento que el maestro o la maestra tiene de algunas madres y de algunos padres y viceversa. Esa mejora suele llevar aparejadas otras de gran interés: desaparecen los recelos infundados, mejoran las relaciones personales y se está en disposición de que la colaboración sea eficaz, esté bien dirigida y se proyecte hacia el futuro.
 
Además de las vías más generales: pertenencia y participación desde la Asociación de Madres y Padres del Alumnado; participación a través del Consejo Escolar; asistencia a las reuniones generales de principio de curso o de otras épocas del año escolar... deben existir otros caminos que propicien otra manera de aproximación a la escuela, por parte de las familias. Dependerá de la sensibilidad y de las ganas de participar el que maestros y maestras, madres y padres encuentren senderos de confluencia. No voy a hacer una lista exhaustiva, pero sí sugerir algunas posibilidades, que pasarían por: formación de grupos de trabajo mixtos para desarrollar proyectos variados; la biblioteca escolar puede ser un lugar de encuentro valioso; un grupo de lectura de adultos: los libros explican situaciones imaginarias o reales y han contado muchos conflictos que las relaciones familia-escuela han protagonizado; las preocupaciones medioambientales del entorno y otras por extensión podrían convocar a quienes sienten esas inquietudes; convivencias; la recopilación de los testimonios de otras generaciones; la celebración de fiestas populares; la elaboración conjunta de una revista; la colaboración con ONGs; la puesta en funcionamiento de un huerto escolar; el hecho de acudir al centro a explicar a niñas y niños sus oficios o sus recuerdos de infancia... Ventanas abiertas, juegos de manos, horizontes más amplios, espacios de encuentro...
 
 
Un abecedario de entendimiento.
 
 Como las acciones vienen definidas por los verbos, según aprendimos de la gramática, voy a proponer un abecedario de infinitivos verbales que podemos conjugar convenientemente y tomar en consideración a la hora de ponernos a construir los puentes necesarios para generar corrientes y vías de aproximación entre la familia y la escuela. Aceptando que podría haber escogido otros y que la polisemia los dota de diversos significados, los planteo como un ejercicio familiar y escolar de utilización del diccionario para darles el significado más adecuado y para que sean animadores o activadores de comportamientos nuevos. Por tanto, en las relaciones familia-escuela sería conveniente:
 
Ayudarse más que Acosarse
Brindar más que Batallar
Colaborar más que Cerrar
Dar más que Desafiar
Encontrarse más que Eludirse
Fomentar más que Frenar
Guiñar más que Gritar
Habilitar más que Hostigar
Imaginar más que Ignorar
Juntar más que Juzgar
Levantar más que Lamentar
Mejorar más que Mermar
Nutrir más que Nublar
Obrar más que Obstruir
Poner más que Perder
Querer más que Quebrar
Reconocer más que Recelar
Sensibilizar más que Silenciar
Tender más que Tensar
Unir más que Usurpar
Vincular más que Vaciar
Yuxtaponer más que Yugular
Zambullirse más que Zapatear.
 
 
 
Algunos libros, desde el ensayo hasta la ficción, sobre educación, familias, relaciones familia-escuela o cómo explorar otros paisajes, otras miradas.
 
-         La escuela de la fantasía. Gianni Rodari. Madrid: Editorial Popular, 2003
-         Con ojos de niño. Francesco Tonucci. Barcelona: Barcanova, 1987
-         Qué hay que enseñar a los niños. Victoria Camps. Barcelona: Plaza y Janés, 2001
-         El valor de educar. Fernando Savater. Barcelona: Ariel, 2003
-         El pequeño Nicolás. Sempé y Goscinny. Madrid: Santillana, 2001
-         Matilda. Roald Dahl. Madrid: Alfaguara, 1989
-         Manolito Gafotas. Elvira Lindo. Madrid: Alfaguara, 2000
-         El lugar más bonito del mundo. Ann Cameron. Madrid: Alfaguara, 2000
-         Niños como yo. Barnabas y Anabel Kindersley. Madrid: Bruño, 1995
-         Ahora no, Fernando. David Mckee. Madrid: Altea, 1984
-         Mini va al colegio. Christine Nöstlinger. Madrid: S. M., 1992
-         Familias. Un viaje alrededor del mundo. Sophie Furlaud y Pierre Verboud. Madrid: S.M., 2003
 
Mariano Coronas Cabrero.
Ed. Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil. Salamanca, FGSR

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