| En esta sección aparecen desarrolladas distintas reflexiones, elaboradas por un equipo de profesionales, que servirán de ayuda a los adultos interesados en cuestiones como qué libros pueden leer los niños y las niñas según su edad, cómo animar un cuento, libro y televisión, lecturas compartidas y muchas otras. |
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Introducción
El papel de la familia en la iniciación del niño en la lectura es fundamental. Pero muchas veces los padres «quieren pero no pueden»; es decir, desean ayudar a sus hijos a convertirse en lectores, pero desconocen las herramientas prácticas que podrían poner en marcha para lograrlo. Que no cunda el pánico. Lo importante es el deseo. Lo demás vendrá por añadidura si se tiene confianza y perseverancia.
A continuación proponemos una serie de estrategias que exigen mucho arte y, sobre todo, muchísimo amor. No se trata de recetas sino de intuiciones, de experiencias que han brotado a lo largo del tiempo guiadas por el deseo honesto y desinteresado de regalar a nuestros hijos una de nuestras mejores ofrendas: el gusto por la palabras escrita.
No lo hacemos sólo porque estemos convencidos de que haciéndoles partícipes de nuestra pasión por la lectura les regalamos un auténtico tesoro.
Nos mueve también una deuda moral, es una cuestión de justicia histórica: si nosotros llevamos un montón de años disfrutando de la maravilla de los textos es por dos motivos: por un lado, gracias a la miríada de escritoras y escritores que derramaron lo mejor de sí mismos en un papel. Y, por otro, porque a lo largo del tiempo hemos tenido el privilegio de que en nuestro camino vital se cruzara un reducido puñado (tal vez uno o dos) de mediadores lúcidos que han sabido acariciarnos con la sabiduría que sólo crece en los corazones de quienes aman. Una madre, un maestro, tal vez una bibliotecaria o un amigo. A ellos y por ellos es por lo que creemos que tenemos la obligación de compartir con nuestros seres queridos –hijos y alumnos– nuestra pasión por los libros.
Muchas de las iniciativas han brotado a partir de la relectura del magnífico artículo «Lectura en familia», que escribió la escritora María Méndez-Ponte para la revista gallega Padres y Maestros. Vaya para ella nuestra gratitud por iluminar nuestro camino y ayudarnos a corroborar nuestras intuiciones. Como verán los lectores no se trata sólo de actividades relacionadas con la lectura, sino también de juegos con el lenguaje, meras jacarandas festivas con las que hacer sentir al niño la viveza y el encanto de la palabra y múltiples propuestas de juego dramático y poético y de provocaciones para hacia la recreación escrita, antesala de lo que más tarde y, sin duda, se convertirá en creación literaria.
Hay un sinfín de propuestas y que su variedad no sólo estriba en los enfoques, sino también en la tipología, los materiales y recursos de apoyo y las situaciones. Pero no conviene olvidar que, en último caso, el mejor truco (casi nos atreveríamos a decir que el único si se hace bien) para despertar lectores es darle el protagonismo a la palabra. Que sea ella, desde nuestra modesta pero apasionada mediación, la que enamore al niño.
Contadles, leedles, recitadles… lo demás es puro artificio.
Leer antes de leer: juegos de lecto-ternura para los más pequeños
• Desde el mismo instante en que sepas, madre, que estás embarazada, puedes iniciar la travesía lectora de tu hijo. Coge una novela hermosa, un poema delicioso, un ensayo conmovedor y regálaselo leyéndotelo/leyéndoselo al pequeño como tu primera ofrenda de amor. Tu marido puede arroparos con su ternura y con nuevos textos compartidos. Estamos ante el más sublime y sencillo acto de lectura de regazo., puedes iniciar la travesía lectora de tu hijo. Coge una novela hermosa, un poema delicioso, un ensayo conmovedor y regálaselo leyéndotelo/leyéndoselo al pequeño como tu primera ofrenda de amor. Tu marido puede arroparos con su ternura y con nuevos textos compartidos. Estamos ante el más sublime y sencillo acto de .
• A partir de los 6/7 meses comienza a mostrar a tu hijo cuentos sin texto, con imágenes grandes y familiares. En primer lugar se le explica lo que se ve: "Mira, un niño/a como tú; NI-ÑO". Poco a poco se amplía la información con lo que tienen los personajes; luego, lo que hacen: "Tiene PA-ÑAL (el bebé se lo toca)"; "Mira, ahora DUER-ME"; "Ahora toma el BI-BE-RÓN". Al principio, sólo una página o dos y siempre del mismo cuento.
• Desde el primer año ya podéis contarle historias sobre las imágenes que está viendo, tras repasar con él los dibujos: «el jabón, la esponja...», y sus características –forma (la madre repasa el contorno con el dedo del niño) "el jabón es cuadrado"... y color–. «La mamá va a bañar al niño porque está muy sucio...» Interrumpir el relato con exclamaciones y preguntas:
«¡Mira qué sucio está! ¿Dónde se habrá puesto tan sucio? ¿Jugando en el jardín? ¿Al tomar el puré? ¿Tú qué crees? ¿En el JAR-DÍN?»
• A partir del año y medio o dos años:
−Invitad al niño a contar lo que ve en el libro con vuestra ayuda respetuosa.
−Haced juntos rimas fáciles. «El niño glotón se toma su... biberón».
−Es el momento de incorporar texto a las imágenes. Lo ideal es empezar solo por vocales que salen de la boca del personaje (una “o” como expresión de asombro). Luego, las consonantes («¡MMMMM, qué bueno está el pastel!»), las onomatopeyas (guau, miau, pum) y, por último, una palabra completa y en letras grandes.
• Contadle cuentos en cualquier momento (la hora de comer, la espera en el pediatra, en el parque). Sacad un relato de cualquier situación: el niño llora porque se ha caído del columpio: «¿Sabes lo que le pasó un día a Chicho Chichones?» No importa que no sea un cuento genial, al niño le interesa todo lo que está relacionado con él.
• Momento cumbre, mágico, sagrado: antes de dormir; cada noche, un cuento.
• Trucos para enganchar:
−Utilizar trucos para mantener la atención del niño mientras se le lee un cuento: onomatopeyas, subidas y bajadas del tono, voces impostadas, incluso el mimo.
−Invitarle a participar: cambiad partes de un cuento que conoce bien (enseguida saltará: «¡no es así!»), decir que es de noche cuando es de día, cambiar los nombres de los personajes, mezclar dos cuentos, preguntarle qué cree que va a pasar o por qué cree que ha sucedido tal cosa...
−Para comprobar su comprensión: «Así termina el cuento de Cenicienta» (él corregirá: «¡Era el de Caperucita!») «Es verdad, y Caperucita se comió al lobo.» («¡No, al revés!»). «¿Por qué llegó el lobo antes a casa de la abuela?»...
−Memorización: Pedirle que haga un dibujo del cuento, o construya con plastilina algún personaje o elemento.
• Trucos para desarrollar su creatividad: «¿Cambiamos el final del cuento?» «¿Y si ahora Hansel y Gretel quieren comerse a la bruja» «Vamos a inventar: en vez de tres cerditos, podían ser tres...» • Las manos también hablan: los dedos son personajes que dialogan, un balancín, un pato, una bola de nieve que rueda...
• Leerles poesías. No sólo de Gloria Fuertes, sino también de Alberti, García Lorca, García Teijeiro, Gómez Yebra, Romero-Yebra, nanas, retahílas, trabalenguas, canciones populares... El niño disfrutará con la sonoridad, la musicalidad y el ritmo, aunque no entienda los significados.
• Escenificar un cuento: un buen plan para los días de lluvia. Preparar el decorado, los disfraces, los efectos especiales... Los papás van leyendo el cuento y cada niño representa su papel.
• Graba-que-te-cuento: se narra un cuento imitando las voces de cada personaje, mientras el niño pone los efectos sonoros (tormenta, viento, portazo...). Repetir a la inversa y grabar las dos versiones en casete.
• Representar un cuento con teatro guiñol.
• Protagonistas literarios: inventamos entre todos los miembros de la familia un cuento en el que los protagonistas sean el niño y sus hermanos. Los padres pueden escribirlo para incorporarlo después a la biblioteca familia.
• Dibujar un abecedario. Cada letra es algo diferente: un animal, un juguete, una planta...
• Crear trabalenguas en los que predomine determinada letra.
• Adivina adivinanza: adivinar títulos de cuentos, escenificándolos o con preguntas: ¿el protagonista es un niño?, ¿vive en un bosque?...
• Regalar con frecuencia cuentos al niño y acudir con él a menudo a librerías.
• Cuentos terapéuticos: inventar cuentos ante situaciones conflictivas: tu hija no quiere dormirse: «Bueno, te contaré por qué los peces no pueden cerrar los ojos...» Tu hijo no quiere comer: «Conocí una vez a Paco Flaco, un niño que nunca quería comer…»
Leer, crear, gozar… ser: travesuras literarias para lectores convencidos
• Cuando el niño ya sabe leer, será él quien lea todas las noches: un ratito que sea todo lo largo y todo lo corto necesario para que disfrute.
• No se anulan las lecturas compartidas: el niño lee un fragmento, la madre o el padre continúan, hablan de lo que va sucediendo, se van haciendo preguntas anticipando lo que vendrá después, critican a los personajes… No es una clase de lectura en la que lo principal es la entonación o la fluidez; es un acto de amor familiar en torno a un libro.
• Barrer para casa: Después de la lectura, comentad lo que habéis leído (personajes, situaciones, conflictos, etc.) y relacionadlo con la vida cotidiana.
• Dar de leer: si estáis muy ocupados y no encontráis tiempo para leer con vuestro hijo, pedidle que te lea algo mientras planchas, cocinas, coses… Incluso gozará leyéndote mientras descansas sentado en el sofá.
•Leer teatro: cada miembro de la familia encarna un papel. Los niños disfrutan mucho leyendo teatro porque se identifican con su personaje y viven la historia.
• Hazme un cuento, por favor: el niño escoge cinco palabras y la madre debe inventar un cuento en el que aparezcan. Luego será el niño el que invente a la carta.
• Crear rimas: Buscar palabras que “peguen”: vaca, Paca, maraca. Crear con ellas encadenados de rimas: «Paca / toca la maraca / para dormir a su vaca», o «La vaca / ha escondido la maraca / de su amiga Paca». O encadenar rimas entre todos a partir de una primera frase: «Mi amiga Marisa / se moría de risa / al ver a su abuela en camisa»...
• Cómic: el niño transforma un cuento en una historieta gráfica sencilla.
• Imágenes que cuentan: el niño crea una historia a partir de ilustraciones, fotografía, láminas, etc.
• Un poquito de orden: se le da un cuento en imágenes y se le pide que ordene la historia y que luego escriba un pie para cada dibujo.
• Cuatro en uno: el niño, con nuestra ayuda (si la precisa), realiza todo el proceso de creación de un cuento: inventa la historia, la escribe, la ilustra y la encuaderna. Incluso podemos acompañarle a una tienda de fotocopiadoras para que obtenga varias copias que después podrá regalar a sus familiares y amigos.
• Cuadros con mucho cuento: tras la visita a un museo y después del visionado en casa de varias láminas, el niño escoge un cuadro, lo dibuja a su manera e inventa un cuento, bien ambientado en el lugar de la pintura, bien incorporando los personajes presente en ella.
• Ilustradores aficionados: el niño ilustra textos relacionados con sus temas favoritos: fútbol, ballet, videojuegos, música...
• De fábula: le explicamos lo que son las fábulas y su diferencia con los cuentos. Le ofrecemos la lectura de alguna fábula y le pedimos que saque él su moraleja. La comparamos con la del autor, insistiendo en que ambas son igual de válidas.
• Mira lo que leo: es muy interesante que los padres comenten con sus hijos el libro que están leyendo (tipo de libro, de qué trata, por qué les gusta…).
• Y viceversa: comenta siempre con tu hijo el libro que está leyendo.
• Prensa compartida: los padres leen en voz alta alguna noticia del periódico que pueda interesar a su hijo y la comentan con él.
• Analizar los personajes de los cuentos con el niño: describirlos y estudiar su comportamiento y sentimientos.
• Pistas para crear: darle al niño tres elementos (un nombre, un tema y un lugar) para que construya un cuento.
• Inventar un personaje para un cuento, darle un nombre, una personalidad, un modo de hablar especial (repite mucho una palabra o frase, cambia el orden de las frases o palabras, se come palabras...) y dibujarlo.
• Dentro del cuento: el niño se convierte en compañero del protagonista: ¿qué le diría?, ¿qué haría?, ¿cómo cambiarían las cosas?, ¿cómo acabaría la historia?
• Iguales pero diferentes: Un mismo tema (un niño inapetente, un niño que se pierde...) tratarlo de diferentes maneras: historia de miedo, cómica, fantástica, de misterio...
• Final a la carta: Inventar dos finales para un mismo cuento: feliz / triste / realista / fantástico.
• Interrumpir la lectura para reflexionar sobre ella: «¿Por qué crees que ha actuado así Pinocho?» «¿Qué representa Pepito Grillo?»
• Detectives de papel: interrumpimos el relato del cuento o su lectura y le pedimos al niño que anticipe lo que va a suceder.
• Laberinto de imágenes: el adulto hace tres dibujos, cada uno en una hoja distinta. El niño hace lo mismo. Se mezclan las hojas y se ponen boca abajo. El niño levanta una y empieza a inventar una historia sobre el dibujo. El adulto levanta otra y continúa la historia a partir del dibujo que ha levantado. El último dibujo cerrará la historia.
• Juegos de palabras:
−El ahorcado.
−Palabras encadenadas.
−De la Habana ha venido un barco...
−Asociaciones: palabras relacionadas con la alegría, el mar, la selva... O con temas de cuentos: piratas (tesoro, pata de palo, navío…), indios y vaqueros (rifle, cuatrero…), princesas (castillo, prenda, dragón…).
Kepa Osoro
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